Llama
la atención la forma en la que se estructura el capitalismo a partir
de la aparición del internet. Por un lado se presenta eso que Marx
llama (citando a Aristóteles) el prejuicio de la igualdad. Para
sostener una relación económica y política desigual es necesario
el sostenimiento a ultranza de un ideal de la igualdad. Eso hace el
capital (dinero). Con el internet se alcanza a percibir algo
parecido. Un ideal de construcción colectiva del conocimiento, de
participación igualitaria, se ciñe a una estructura
(infraestructura) concentrada en unos cuantos capitales. La sociedad
se configura como dependiente a estos capitales. Los poderes reales,
las manos propietarias de las conexiones globales, se mantienen
ocultas. La mirada no los abarca. Se amplían las posibilidades del
entretenimiento. Se inaugura una nueva forma de mercantilización, la
mercantilización de la experiencia (eso que Zizek llama “capitalismo
cultural”). Se crean círculos sociales, se comparte la vida íntima
con la espera de ser alcanzado por la mirada de los demás. Mientras
tanto, el poder real, efectivo, se mantiene invisible, inmutable. Los
cables de fibra óptica, las redes satelitales mantienen su autonomía
y estructuran las políticas públicas y económicas del mundo;
condicionan las relaciones políticas a una escala global.
¿Cuáles
son las posibilidades reales de transgresión, de transformación de
la estructura económica capitalista, basada en la propiedad privada,
a partir de las redes sociales de internet? ¿Se puede hablar de una
democratización de los medios a partir del acceso global al internet
o, para que se dé ésta, es necesaria la desconcentración de la
infraestructura misma del internet?
Ver: http://e-tcs.org/wp-content/uploads/2011/11/Revista-virtualis.pdf
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