jueves, 18 de julio de 2013

El fundamento del capitalismo, un acto de magia. - Comentario marxista


[1=]. Esta fórmula expresa en buen grado el acto de magia a través del cual se realiza el capitalismo, que también se puede traducir como capital = más capital. Es un contrasentido y ofende a toda lógica posible, pero sobre la base de dicha imposibilidad funciona la maquinaria fantasmagórica que produce, de la nada, capital. Sólo es necesario dejarse envolver por su corriente para ingresar a su mágica realización. Es el sueño americano: la promesa de éxito para quien no tiene nada, como lo muestra la película “En busca de la felicidad”. El único requisito que se necesita para triunfar en la vida es la confianza plena en las instituciones capitalistas (bolsa de valores, la banca, la venta inmobiliaria),

Y aunque el sistema económico llegue a tener sus fallas, éstas, se puede pensar, son circunstanciales, producto de un acto de desmesura o de corrupción (en las que seguramente tiene algo que ver el estado), y no algo inherente al sistema capitalista, cuya bondad excede los límites de lo que los humanos puedan imaginar.

El capitalismo es un aparato de auto-reproducción que se da en exceso, y cada vez, siempre más. De lo que se trata es de creer en todas sus posibilidades, pues eso es el capitalismo: pura posibilidad.

Ahora podríamos preguntarnos, como lo hace Descartes en una situación de extrema agitación argumentativa: ¿y si un genio maligno me estuviera engañando y me presentara lo que que es falso e ilusorio como real y verdadero? ¿Y si las posibilidades con las que me seduce el capitalismo fueran una ilusión?, ¿y si el sueño americano fuera un sueño y nada más? ¿Cómo distinguir la verdad de la mentira?

Ante esta pregunta nos sale al encuentro Marx, desenmascarando las contradicciones del capitalismo o, si no, al menos mostrando al capitalismo y sus fundamentos como máscaras ante las cuales tendríamos que tomar distancia.

En el primer capítulo de El capital, Marx hace un análisis de la fórmula del mercado que se podría representar de la siguiente manera: aX=bY (es decir, un número “a” de la mercancía X, es igual a un número “b” de la mercancía Y). Por ejemplo, 20 varas de lienzo corresponden a 1 chaqueta. Dicha fórmula contiene sus implicaciones: una de ellas, señala Marx, es que funciona bajo el prejuicio de que cosas muy distintas tienen la misma cualidad, y por ende, que el trabajo para producir X es indistinto del trabajo para producir Y: El prejuicio de la igualdad en las relaciones de producción. Zizek argumenta algo muy parecido cuando señala que “la verdadera base económica de la democracia política es la propiedad privada de los medios de producción”1, en cuanto a que los últimos suponen la igualdad de los miembros de una sociedad como base de las relaciones de intercambio.

Dicha igualdad parece ser más conceptual que real. Presupone que las condiciones materiales, de trabajo y las relaciones parten de la igualdad en la sociedad. No busca la igualdad, sino que la presupone. Ya está: todos somos iguales de condiciones, todos partimos de cero, lo que falta es producir e intercambiar (por medio de ese objeto mágico: el dinero) y las relaciones de intercambio se acomodarán en función del aumento de la riqueza a nivel global. Una gran red de intercambio mundial se dinamizará en torno a la riqueza del hombre.

Dicha suposición (la de la igualdad) parece, abriendo los ojos, mentirosa y vil. Parece mostrar una estructura económica ideal del tipo 'todos los hombres son iguales por naturaleza'. Y limita toda acción y todo cambio en las estructuras sociales. Pues, si ya es todo igualdad, ¡qué problema hay!, ¡a producir, a enriquecernos y a disfrutar de los lujos que éste hermoso mundo nos ofrece! El mundo del capitalismo que no requiere ya de la mano humana para echarse a andar, pues una mano invisible (cuasi divina) la dirige con amor.

En el proyecto que comenzó Marx con El capital no hay una estructura económica ideal (universal). Las relaciones de producción (relaciones humanas) no son conceptos; parten de estructuras económicas (materiales) reales y su fundamento parece (en contraposición con el supuesto capitalista de la igualdad) basarse en la desigualdad. (Por eso, para Marx, Aristóteles tiene una profunda intuición al señalar que la fórmula aX=bY tiene sólo un sentido práctico, pues de suyo no corresponde a la realidad, que se basa en la desigualdad del trabajo: el trabajo de esclavos).

El giro del capitalismo, el giro del capital, es mantener esclavos que se crean iguales y libres. Ese es el fantasma que se hace presente cuando nuestra democracia representativa convoca a las urnas, cuando el estado entrega insumos para la beneficencia social, cuando las transnacionales invierten en el tercer mundo (¡desarrollo y progreso nacional!), cuando el estado encarcela a los miembros que violentan la seguridad de nuestra sociedad.

1Slavoj Zizek. Repetir Lenin. Trece tentativas sobre Lenin. Akal: Madrid. 2004, p. 85.

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